Este muelle honra a Evaristo de Churruca, ingeniero clave en la modernización del puerto de Bilbao a finales del siglo XIX.
En él se encuentran varias esculturas contemporáneas. Como Explorer’s Book, de Anthony Caro, que es un monumental libro abierto en acero y hormigón con fragmentos de anclas, metáfora de la memoria marítima y el conocimiento. Al situarse frente a una biblioteca universitaria, invita a reflexionar sobre la escritura de la memoria colectiva, los viajes y los relatos compartidos.
También encontramos Begirari IV, de Eduardo Chillida, un tótem de acero corten de más de siete metros que actúa como un guardián abstracto que observa la transformación urbana de Bilbao y remite al pasado industrial de su ribera.
La escultura se encuentra junto a la pasarela del Padre Arrupe, un puente de acero y madera que une ambas riberas y recuerda al jesuita bilbaíno que fue superior general de la orden. Proyectada por el ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez. Tiene una longitud de 140 metros y una anchura de siete metros, llegando en su cota más alta a los casi quince metros sobre la Ría. Está realizada en acero dúplex, un material que se utiliza por primera vez en el mundo para una obra de estas características, y el recubrimiento interior es de madera de lapacho, un material de origen tropical resistente a la intemperie, muy utilizada en la cubierta de un barco.
Más adelante y a la izquierda vemos la escultura Judith, de Markus Lüpertz. Representa con fuerza expresionista a la heroína bíblica. La textura rugosa y la monumentalidad de la escultura evocan violencia, fuerza interior y valentía.
Avanzando un poco más encontramos la escultura Maia, de William Tucker. Es una forma abstracta de bronce que sugiere a una mujer embarazada que surge de la tierra. Simboliza visualmente el nacimiento y la energía vital femenina.
Sigamos caminando por el Paseo de la Memoria.

